Reportaje en el El Mundo. La búsqueda del bienestar dispara los retiros de silencio: «Las personas están cada vez más perdidas y desconectadas de sí mismas»
Daniela Martina Novatzky
Organizador
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Antes de la pandemia había una veintena de opciones donde abrazar el silencio y en 2025 hubo más de 1.200 encuentros de este tipo en España. Pero este auge, que se prevé mayor aún, también entraña riesgos.
No es fácil llegar a mí», dijo Daniela Martina Novatzky desde el salón de un céntrico hotel en Madrid en julio. Faltaba una semana para que comenzase uno de los cuatro retiros de silencio que realiza cada año en España desde 2022. Tan difícil es llegar a ella -no tiene redes ni las desea, no se publicita, no dice ser maestra, ni coach ni gurú- que cuando alguien nuevo aparece en su vida siempre le pregunta: «¿Cómo llegaste a mí?».
Novatzky no cree en las casualidades. Cree en el silencio o, al menos, habita en él y de él se nutre. De ella podríamos decir que trabajó como traductora simultánea de Oncología en congresos médicos, tras licenciarse en Literatura y Filología en las universidades de Granada y Milán. O que durante 20 años ha estudiado Medicina Ayurvédica, el saber originario de India. Pero lo que resulta clave es conocer lo que sucedió entre una cosa y la otra: un glioblastoma en el cerebro, uno de los peores tumores que existen, seis meses antes de su viaje a India para ser alumna de la Universidad de Gujarat. Estamos en 1998.
«Transito la enfermedad sola, acompañada por mí silencio. Vivo mi enfermedad desde el silencio, sin compartirla con nadie excepto mi madre y mi hermano», rememora. Clínicamente desahuciada, pasa tres meses en coma y, cuando despierta, quien la abraza es la amnesia. No recuerda su vida anterior. «Mi proceso de sanación fue extraordinario y complicado a la vez, pero me recupero y en 2001 empiezo a estudiar Medicina Ayurvédica en India, completando mi especialización en retiros terapéuticos ayurvédicos, que se llaman Panchakarma», explica.
Al mismo tiempo trabaja con enfermos de cáncer en fase terminal y crea proyectos de índole humanitaria para ayudar a distintas causas. «El país se desangraba cada vez más», recuerda. Da retiros ayurvédicos en España e India cada año desde 2006 y, en 2015, decide escribir su propia historia. Publica Volver aquí’ (Mandala, 2022) y, pandemia mediante, se percata de que ya no puede ser anónima, que su libro, su vida y sus dones están entrelazados, «cogidos de la mano». Se da cuenta de que debe mostrarse.
«Mi madre siempre me contaba que, desde muy pequeña, yo pasaba horas contemplando la ventana, en silencio». La niña Daniela «no encajaba en clase, no tenía amigos». «Era la rara porque buscaba el silencio en medio del pequeño bosque que rodeaba el colegio», rememora. Porque sólo el silencio le permitía «sostener el don de la sensibilidad y la percepción», aprendió después. «Desde pequeña quería ayudar. Fue mi hilo conductor, que se reforzó a través del silencio», .
Lo que quizá no imaginó es que su herramienta de trabajo se iba a convertir en un nicho de mercado al alza, «porque los retiros espirituales han experimentado un crecimiento extraordinario en los últimos siete años», según el estudio Análisis de mercado de los retiros espirituales en España 2025, de la consultoría estratégica Modelos de Negocio. En 2019 había 20 actividades registradas como tal y, en 2025, hubo más de 1.200 encuentros de este tipo en nuestro país.
España ha dejado de ser conocido por ser un país ruidoso en el extranjero (la fiesta, la presunta alegría, el modo de hablar elevado) y se ha convertido en un lugar especialmente idóneo para conocer el silencio. Los operadores turísticos extranjeros sostienen en sus webs que «la increíble red monacal española y sus muchos parajes prácticamente vacíos hacen del país uno de los mejores destinos para este tipo de retiros».
Según el estudio, «alrededor de 90.000 personas participaron» de este tipo de encuentros el año pasado. ¿Por qué tanta necesidad de retirarse, y por qué en el silencio o en lo espiritual? Nuestra protagonista lo explica: «El silencio nos permite reconocer lo que siempre ha estado en nuestro corazón, esperando a ser escuchado. En el silencio, las palabras pierden protagonismo, y la presencia es suficiente. Transitarlo es más que quedarse sin hablar o apagar el móvil. Implica abandonar máscaras y falsas seguridades. Cuando la mirada se vuelve hacia el interior y el silencio ocupa su lugar, comienzan a revelarse paisajes ocultos en nuestro ser. Aparecen nuestras luces, nuestras sombras, nuestro anhelo más profundo, nuestros miedos y nuestras heridas. Poco a poco se aquieta el ruido que nos dispersa y emerge una escucha más profunda. El silencio no es vacío, sino un espacio sagrado donde lo esencial encuentra la manera para hacerse escuchar. No solo nos muestra quienes somos, sino también quienes somos llamados a ser. Nos permite reconocer aquello que muchas veces ocultamos, incluso a nosotros mismos. Ahí se esconde su fuerza transformadora. Vivir este recorrido genera un estado de serenidad y de paz».
Entre la espiritualidad católica y la alternativa holística
Lo que ahora sucede es que este fenómeno vive «una expansión que ha supuesto un aumento de los retiros espirituales de más del 6.000% en apenas seis años», dice la investigación que presuntamente enseña a crear tu propio retiro de silencio. «Un auge», continúan, «especialmente notable en dos segmentos principales: la espiritualidad católica renovada y la oferta alternativa holística». Explican que «los católicos han experimentado una revitalización significativa con movimientos como Emaús, Effetá y Hakuna Soul Week». Pero la clave fue la pandemia, que actuó «como catalizador, intensificando la búsqueda de bienestar mental y experiencias transformadoras. El sector pasó de ser un nicho marginal a convertirse en una industria consolidada con presencia digital masiva», continúa el informe.
Lo explica bien la canadiense Heather Anderson, profesora de yoga, meditación y respiración al frente de la empresa Silent Focus, con sede en España y especializada en retiros de silencio y bienestar para compañías y sus equipos, que buscan reducir el estrés, mejorar la concentración y aumentar la productividad mediante la desconexión tecnológica y la meditación. «Últimamente he estado siguiendo la tendencia de los retiros de silencio a través de búsquedas de palabras clave en Google. En un periodo de cuatro años, de 2021 a 2025, se ha producido un aumento del 223% en las búsquedas de retiros de silencio en todo el mundo», arranca.
Su empresa empezó en 2019 y «sólo asistían practicantes de Vipassana (técnica india de meditación) y alumnos de yoga. «Al principio éramos los únicos que lo hacíamos en inglés. Ahora todos los centros de retiros ofrecen alguno de silencio», analiza. Y advierte de que «no se ha alcanzado todavía el punto máximo de crecimiento. «Cuanta más tecnología, inteligencia artificial, pantallas e información invadan nuestra vida cotidiana, más necesidad tendremos los seres humanos de buscar el silencio para nuestro bienestar mental. Preveo un auge aún mayor», vaticina.
Cómo será ese estallido le preocupa mucho a Novatzky, a la que EL MUNDO pudo fotografiar en la Hospedería del Silencio (Robledillo de la Vera, Cáceres) el pasado 16 de julio, la tarde previa a comenzar uno de sus retiros. «Hay una falta de rigor y autenticidad en mucha de la oferta, con todo respeto hacia aquellos profesionales que trabajan de forma auténtica y seria. Aquí confluyen dos corrientes: las personas están cada vez más perdidas y desconectadas de sí mismas y buscan a ciegas un manual de vida cómodo a seguir, o para seguir a un maestro ciegamente, sin cuestionar nada de todo lo que se les exige», critica.
Habla Novatzky de «personas frágiles por sus procesos y vivencias, que buscan ayuda, personas rotas por no haber encontrado la ayuda apropiada, sea en forma de retiro, terapia o taller». «Es peligroso…», añade. «En los últimos 25 años he observado la necesidad que impulsa a muchos a buscar ayuda. Sabes cuantas veces he oído decir ‘voy a hacer un retiro, a ver si me despejo un poco, a ver si desconecto‘, Esta frase refleja desde donde actúan, sin profundizar realmente en qué pueden necesitar en un determinado momento de su vida. Se mueven arrastrados por tendencias, por un sinfín de maestros iluminados con sus propias verdades».
Le preguntamos qué debe reflexionar alguien antes de ir a un retiro de silencio: «¿En qué momento de mi vida estoy y qué necesito para sanar y volver a mí? ¿Qué me impulsa a hacer un retiro? ¿Es porque va mucha gente y está de moda, porque te dan un manual para vivir mejor? ¿O se debe a una llamada interior a la que no puedo dar forma, pero es suficientemente intensa como para hacer una búsqueda seria? Verifiquemos siempre cual es el contenido del retiro y qué se hace durante esos días».
Echemos un vistazo a la oferta en la plataforma Inspyria, especializada en retiros espirituales, ayer 11 de agosto. Hay ofertas «sólo para hombres» y «sólo para mujeres», epígrafes como «vacaciones alternativas y conscientes», «tantra, el arte de autoconocerte», «meditación», «yoga», «bienestar, relax y tranquilidad»…. Y en cuanto al silencio: una veintena de opciones para los próximos días, desde «Descubre la interior, retiro de verano con John David» –Alicante, 17 días, en inglés y en español, a partir de 200 euros- hasta «Retiro de silencio renuévate por dentro» –Collado Villalba (Madrid), tres días, 390 euros-.
Y ahora escuchemos a Montse Ruano, que vive desde hace un año en la Hospedería del Silencio, donde nuestra Daniela da sus retiros y donde se hicieron las fotografías de este reportaje; «Formo parte de la recién establecida Comunidad Consciencial Crisálida (CCC) y en este momento coordino el proyecto Casa de Sanación A mi Vera. La Hospedería del Silencio (HPD) se empezó a gestar hace 20 años y se inauguró en septiembre de 2008 con no pocas dificultades en el proyecto de reforma».
La idea, prosigue, era crear «un espacio que albergara a grupos y personas interesadas en retirarse en plena naturaleza, con la particularidad de recibir durante su estancia enseñanzas dirigidas al crecimiento personal y al desarrollo espiritual». Detalla que «los primeros retiros de silencio que se ofrecieron fueron los de Consuelo Martín (Escuela contemplativa Kaivalya), que se celebraban cuatro veces al año con una duración media de 5 días cada uno». «Desde entonces, la HPD ha recibido a miles de personas», cuenta, al tiempo que reconoce que «la oferta de retiros relacionados con el bienestar ha crecido exponencialmente desde hace algunos años». Y señala a Oriente: «Sus enseñanzas ponen el foco en la observación del movimiento psicoemocional desorganizado que el sufrimiento genera».
Una sociedad ensordecida
Para el escritor Pedro Bravo, que acaba de publicar Antes todo esto era ciudad‘(Debate, 2026) y, hace dos años, publicó ¡Silencio! Manifiesto contra el ruido, la inquietud y la prisa (Serie ENDEBATE) el fenómeno es «revolucionario»: «Nos conecta de verdad con nosotros y con los otros, nos hace más empáticos y con más capacidad para aceptar lo distinto»
Otra cuestión son las causas que nos empujan, cada día más, a acudir a encuentros sin sonido ni charlas en nuestras vacaciones de verano. Dice Ramón Andrés, Premio Nacional de Ensayo 2021 y que a menudo trata el silencio en sus textos, que somos «una sociedad ensordecida».
«No es necesario estar cerca de la religión para sentir el deseo de refugio, fuera de la continua proyección que es nuestra mente», argumenta. Comprende la necesidad que lleva a buscar silencio, pero es escéptico respecto a los retiros. «Casi nadie está dispuesto ni preparado para adentrarse en un silencio profundo que conduzca a la disolución personal. La identidad nos importa demasiado, somos sus esclavos. A la salida del retiro el teléfono móvil empieza a funcionar de manera trepidante. Hemos caído en sus garras», reflexiona.
Tal vez porque somos «los ciudadanos más ruidosos de la historia». Antes de la Revolución Industrial, «el estruendo estaba reservado a la naturaleza», explica Bravo, que prosigue: «De la Revolución Industrial en adelante vamos aumentando nuestra emisión de decibelios y también de ruido mental. Nuestro sistema operativo, por decirlo de una manera moderna, es el mismo que cuando éramos cazadores y recolectores. Por eso, ese nivel constante de ruido nos mantiene en un estado de permanente alerta ante una amenaza que nunca termina de aparecer y nos acaba enfermando. La vida moderna es cada vez más ruidosa, tanto en el plano físico como en el mental».